“Llámame por tu nombre”

La película aborda el tema del despertar sexual, el deseo y el amor entre dos hombres, aunque no queda claro si son homosexuales o simplemente no del todo heterosexuales; de cualquier manera, la reflexión podría aplicar para cualquier forma de afectividad y sexualidad considerada no legítima o inmoral según los estándares morales convencionales. Es sorprendente la cantidad de acciones humanas violentas que son aceptadas socialmente en contraste con la cantidad de formas de amar que son rechazadas, estigmatizadas y condenadas. De manera general, nuestras sociedades occidentales han logrado naturalizar la violencia y condenar el amor cuando éste no viene en la presentación considerada reglamentaria.

La sexualidad humana es una de las cosas más complejas y más estigmatizadas que hay. Por siglos, la represión sexual ha sido un lugar común en todo el mundo, particularmente en occidente, con algunas sorprendentes excepciones como la Grecia clásica, la Italia renacentista, así como la Inglaterra y Francia modernas. Tampoco es casualidad que esos particulares momentos históricos hayan dado lugar al auge cultural en cada ámbito del saber y quehacer humano, incluido el arte y la tecnología. Todo parece indicar que la represión no suele ir acompañada de la creatividad, la productividad y la expansión de la imaginación humana.

Como dice la sexóloga Emily Nagoski en su libro Come as you are, nuestro mayor órgano sexual no está entre nuestras piernas sino entre nuestras orejas, y cuando ese órgano está más preocupado por reprimir lo que se es y lo que se desea, los posibles resultados pueden ser el agotamiento, la apatía, el sufrimiento o la muerte. El porcentaje de personas no heterosexuales o binarias que se suicidan es significativamente alto, la gente no sólo está sufriendo, se está matando.

¿Existiría hoy la capilla Sixtina o las pinturas de Leonardo si sus creadores hubieran crecido en entornos culturales castrantes y represivos? Como bien dice Ash Beckham, un closet no es un buen lugar para vivir; termina siendo un sitio demasiado chico, apretado, oscuro como para que el florecimiento humano pueda darse. El estigma social no es un terreno fértil para la felicidad, el bienestar y la autonomía. Y cuando hablamos de closets, no nos referimos sólo al closet gay, todo el colectivo LGBTTI y las letras que todavía faltan por ponerse hasta que decidamos dejar de categorizarnos por nuestras particularidades sexuales están siendo reprimidas y por tanto violentadas. El gran problema es que hay muchos tipos de “Closets” y la sexualidad y afectividad humana no puede ni debe florecer en un closet. Condenar a tanta diversidad humana a una vida de estigma, ignorancia y represión es por sí mismo un acto de violencia, maltrato y abuso.

La represión sexual es y ha sido en cualquier región y tiempo, el terreno fértil de la doble moral, el engaño y el sufrimiento. Prácticamente todos los estudios actuales, no elegimos de manera consciente muchas de nuestras características sexuales, sino que son en la gran mayoría de los casos, fruto de nuestro desarrollo embrionario o nuestra infancia. Si esto es así, entonces estamos culpando a gente por ser de cierta manera y no por actuar de cierta manera.

La responsabilidad moral sólo puede estar en el actuar, que es de lo único que tenemos agencia y por lo tanto, de lo que sí tenemos que ser responsables. Nuestras características biológicas o neurológicas, al no ser elegidas, no son sujetas de carga moral. Algo equiparable ocurría cuando se estigmatizaba a los zurdos o pelirrojos, los primeros por ser considerados anormales y los segundos por ser tocados supuestamente por las llamas del infierno. La moral hegemónica que ha dominado nuestra cultura tiene que cambiar si realmente nos comprometemos con los derechos humanos.

Así como hoy les ponemos bancas especiales a los zurdos, y los pelirrojos pueden circular libremente sin miedo a ser considerados secuaces de Satanás, tenemos que llegar a hacer las paces con las distintas formas en que la sexualidad humana se manifiesta, siempre y cuando ésta no implique un daño a terceros, como en el caso de los pederastas. Pero cuando ésta es libre, responsable y ejercida conscientemente por las personas, tenemos que entender que estamos en el terreno de la autonomía y del libre ejercicio de la libertad para vivir y ser felices a nuestro modo.

Elegir una carrera, un corte de pelo o escuchar cierta música son actos de la voluntad, nuestra orientación sexual y muchas de las características neuronales de cómo opera nuestra sexualidad son el resultado de procesos cerebrales y fisiológicos sobre los que no tenemos control ni decisión. Uno puede decidir y por tanto es responsable de qué hacer con el deseo y orientación que se tiene, pero no sobre el cerebro que se tiene. Contrario a lo que se ha dicho por siglos, la homosexualidad y muchas otras formas de sexualidad no son antinaturales, por el contrario, una inmensa cantidad de diversidad sexual se manifiesta en todo el reino animal de mil formas y colores en toda la naturaleza, y los seres humanos no somos la excepción sino la continuidad de esa diversidad porque también somos seres naturales. Del mismo modo, la historia humana es rica en ejemplos de esta diversidad. Para acabar con la violencia a la diversidad, es necesario expandir nuestra reflexión moral y hacer las paces con las distintas formas de amar que tenemos. El problema no es amarnos, el problema es, y seguirá siendo odiarnos.

El amor es amor, llámesele como se le llame.

¡¡Spolier Alert!!

No había querido mencionar nada específico de la película para que la gente que no la ha visto pueda disfrutarla libremente. Sólo mencionaré que el final fue sorpresivo y agradable. Me dio mucho gusto que no terminara en tragedia y poder ver que en algunas ocasiones la empatía y el afecto triunfan sobre la inercia, odio y prejuicios, y eso no quita en lo absoluto que la vida sea muchas veces dolorosa. El punto esencial me parece que no tiene ningún sentido agregarle mayor sufrimiento a lo que ya es de entrada difícil. Disfrútenla.