¿Puede el amor ser más fuerte que la muerte?

Pocas películas me han impactado y conmovido más que “Tres Luces” [o “La muerte cansada” como en su original alemán] de Fritz Lang. La vi en la Cineteca hace varios años, y cuando asistí lo hice únicamente por ser una película de Lang. En realidad, no sabía nada de la trama, pero tan sólo suponía que era buena y que habría que verla. Creo que de ninguna forma podría haber adivinado lo mucho que su trama me acompañaría a lo largo de los años y lo mucho que creo en la vigencia de su pregunta: ¿es el amor tan fuerte como la muerte?

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Les contaré brevemente de qué trata la película y por qué creo que no sólo es una joya de la historia del cine, sino toda una lección de vida. La protagonista de la historia es una mujer que acaba de perder a su prometido y que decide ir a buscar a la Muerte para pedirle que por favor les permita estar juntos de nuevo. La Muerte le explica que ella está cansada de traer tanta tristeza al mundo pero que, al final del día, es su trabajo. La mujer le responde, inspirada por el Cantar de los Cantares, que su amor es más fuerte que la muerte, y por esta muestra de valentía, la Muerte decide darle una oportunidad. Le muestra cómo la vida de todos los hombres está representada por la llama de una vela y le dice que la luz de tres velas está a punto de extinguirse. Ella tendrá que ir a esas tres historias, una en Persia, otra en Venecia y la última en China, para ayudar a que el amor de cada una de las parejas triunfe sobre la muerte. Si tiene éxito, aunque sea nada más en una historia, le regresará a su prometido.

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[“Ponme como sello sobre tu corazón, como sello sobre tu brazo; porque el amor es tan fuerte como la muerte” (Cantar de los Cantares 8:6)]

Para no seguir haciendo el cuento largo, déjenme adelantarles un descubrimiento trágico que es revelado al final de la película: el amor no es más fuerte que la muerte. Se preguntarán: ¿Cómo les puedo arruinar así el final? Si no han visto la película, ¿valdría la pena verla incluso ahora que saben cómo termina? La respuesta obvia e inmediata es: claro que vale la pena. La película es una joya, las tres historias son muy emocionantes y desde su sencillez, nos permite afrontar una de las lecciones que, por lo menos en mi opinión, es de las más difíciles de asimilar: todo el amor que podamos sentir por alguien no es suficiente para evitar la separación que implicará su muerte, y reconocer esto de alguna forma se siente como una traición a la importancia que le damos a ese amor.

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Nos gustaría pensar, como la protagonista de la película, que nuestro amor puede ser más fuerte que cualquier obstáculo. Que el vínculo que tenemos con nuestros seres queridos podrá trascender cualquier amenaza. Sin embargo, frente a la separación física que conlleva la muerte, es casi imposible no sentir cierta impotencia. Tras una pérdida, recuerdo haber leído la frase: “Si el amor hubiera podido salvarte, habrías vivido para siempre.” La frase fue importante para mí en ese momento pues mi amor no había sido suficiente, o por lo menos, así se sentía. Asimilar que ya nunca podría estar junto a ese ser querido, que habría para siempre una ausencia en su lugar, me parecía como una tarea demasiado exigente. ¿Por qué el amor no era tan fuerte como para evitar la separación?

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Pocos años después vería otra película que me ayudaría a seguir dándole vueltas a esa misma pregunta, “La Fuente de la Vida”, de Darren Aronofsky. De manera similar, encontramos al protagonista obsesionado con la idea de que la muerte es tan sólo una enfermedad y que como tal, tiene cura. Que la separación que produce la muerte puede evitarse, si tan sólo logramos encontrar el remedio. Seguro están pensando, ¿otra vez les voy a arruinar el final de la película? Pues sí. Al final de esta película, el protagonista, con todo su amor y todas sus investigaciones, no logra evitar la muerte de su esposa. Lo que me parece llamativo es que estos spoilers, en realidad, no son tan sorprendentes como podríamos creer. En la vida real, muy probablemente nos encontraremos alguna vez igual que estos dos protagonistas, llenos con el deseo de evitar lo inevitable, sólo para darnos cuenta de que no tenemos los medios para lograrlo.

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Cuando experimentamos una pérdida, la muerte se siente como un gran obstáculo, como aquello que nos separará para siempre de quienes amamos. Si pensamos así sobre la muerte, es un poco más fácil entender por qué nuestro amor puede sentirse insuficiente. La separación es inevitable, y nuestros sentimientos nos hicieron creer por un segundo que tal vez nosotros podíamos ser la excepción, que nuestro amor era más fuerte que la muerte. Pero tal vez la lección de ambas películas es que la muerte no es algo que hay que vencer o derrotar, sino tan sólo una transformación del vínculo que tenemos. No tendríamos por qué poner a nuestro amor a competir con ella.