Hablemos de Bruno

La nueva película de “Encanto” nos narra la historia de una familia colombiana con problemas internos que pueden ser entendidos como una metáfora social. Al interior de la familia Madrigal, sus integrantes sufren de exclusión y guardan secretos de los que no se puede hablar. Bruno encarna ese papel de oveja negra, de excluido e invisibilizado. Los brunos son “Los Nadie” de que habla Eduardo Galeano. Los que se sientan hasta atrás en el salón de clase, los que no son invitados a la fiesta, los feos, pobres, negros, alcohólicos, raros, afeminados o cualquier connotación que la gente “bien” considere despectiva.

Bruno nos representa a todos porque todos tenemos algo de Bruno. Bruno son todos los secretos, dolores y culpas que no nos atrevemos a confesar. Bruno es Tabú, y por eso está prohibido hablar de Bruno. Bruno es esa “ropa sucia” que no hay que lavar fuera de casa, es ese miembro de la familia o de la sociedad que hay que ocultar, “demonizar” o criminalizar. Es el “Chivo expiatorio” a nivel social y el “bote de basura” familiar que usamos para mantener la ilusión de nuestra superioridad moral y poder fingir que todo está bien. Es el “malo” al que culpamos para no responsabilizarnos de las grietas que nosotros mismos generamos. Brunos son los judíos para los nazis o los palestinos para los israelíes. Bruno es el polvo en el ojo ajeno que nos permite ignorar la tierra que llevamos en el nuestro.

Bruno representa todo aquello que nos esforzamos por fingir que no existe, que no está, que nunca sucedió, esa violación de la que no hablamos, esa adicción que no nos atrevemos a confesar, esos secretos que gritan desde el silencio, ese sentimiento que nos corroe por dentro, esa vergüenza, odio, culpa y miedo. Bruno somos todos y todos tenemos algo de bruno.

Pero también todos tenemos algo del personaje de la abuela Madrigal, que con las mejores intenciones daña, discrimina y violenta. Quien puede negar que no ha sucumbido ante la tendencia de transformar nuestros miedos en sed de control, en crear expectativas infladas e irreales, en buscar culpables fuera para no admitir que somos nosotros los que con nuestra intolerancia agrietamos nuestra “casa” y a sus integrantes; sea por ser divorciados, herejes, no binarios, creyentes o ateos, que de un modo u otro representan un “Bruno”, es decir, una forma de ser de la que no se puede hablar.

La abuela representa el statu quo, la norma, y utiliza la coerción, intimidación y exclusión con Mirabel y Bruno por no encajar con la norma, por no ser “perfectos”, es decir, por no someterse y ser diferentes. La abuela simboliza cualquier forma de fundamentalismo. Esta actitud la vemos en la historia humana con la inquisición, en las múltiples cacerías de brujas, en las purgas del Stalinismo y el Maoísmo, en el nazismo y el Ku Kux Klan; está encarnado en la intolerancia religiosa y sexual. Ya sea en forma de elitismo, racismo, xenofobia, aporofobia o cualquier otra forma de discriminación, lo cierto es que, en menor o mayor medida, en algún momento, y tal vez sin pretenderlo, hemos sido la abuela. Y en ese sentido, también podemos redimirnos como lo hace este personaje al final de la película.

La película de Encanto aviva la esperanza de que somos capaces de reconocer nuestros miedos, vergüenzas, expectativas y culpas para reconciliarnos con nosotros mismos y con todos a nuestro alrededor. Todos podemos agrandar nuestro corazón para que quepan todos los brunos, pues mientras no construyamos un mundo donde quepan todos los mundos, todas las grietas seguirán ahí, creciendo y sangrando.

De Isabela aprendemos que no tenemos que ser “Perfectos” ni estamos obligados a cumplir con las expectativas familiares o sociales. Tenemos derecho a ser nosotros mismos, a tomar nuestras decisiones y cometer nuestros errores. Como diría Kant: a reconocer que tenemos derecho a ser felices a nuestra manera.

Luisa nos enseña que no hay que cargar con todo, que está bien pedir ayuda, que es legítimo desear y buscar descanso, apoyo y que tenemos derecho a ya no poder y a sentirnos débiles.

Pepa nos muestra que no es sano controlar o reprimir nuestras emociones, por el contrario, tenemos que aprender a reconocerlas y a saber manejarlas y entenderlas.

Regresando a Bruno, este personaje representa el tabú, el pecado y lo prohibido, es el punto blanco en el yin y el punto negro en el yang, es el frijol en el arroz y representa todo aquello que busca ocultarse y/o reprimirse en toda comunidad, pero como Mirabel entiende, Bruno también es la solución y la respuesta a todas esas grietas, a todos esos “closets” y secretos que nos carcomen por dentro. La solución está en salir de esos closets, en abandonar esas expectativas e imposiciones, en pedir ayuda, asumir no ser perfectos, reconocer nuestras emociones y en general atrevernos a ser nosotros mismos.

Las exigencias e inercias sociales, en forma de estereotipos y prejuicios están trenzados y encarnados en nuestros egos, miedos, heridas y odios; somos hijos de nuestra época y nuestra historia personal va de la mano con las historias familiares y sociales. Para poder sanar, necesitamos poder aceptarnos y entender que en el fondo estamos lastimados, asustados y necesitados de afecto, respeto y reconocimiento. En esta arca de Noe llamada planeta tierra en la que todos estamos dentro, no basta con dos de cada uno, todos son necesarios; y o nos salvamos juntos o las grietas nos hundirán a todos.

 

Bruno y Mirabel no son el problema, son la esperanza y el síntoma del problema. El problema es la depresión, ansiedad, cambio climático y vacío generalizado. Las grietas simbolizan las profundas desigualdades sociales, sean de los miembros del colectivo LGBTTIQ, indígenas, pobres, ancianos, adictos o cualquier otro tipo de marginado, por ello es que todos somos Bruno en algún sentido y la abuela, Isabela, Pepa o Luisa en otro.

Bruno es lo que no queremos ver, pero está ahí, latente, supurante, gritando en silencio con su ausencia, es el pus del olvido y el dolor de la injusticia que sufren todos los marginados, excluidos, negados y silenciados. Si realmente queremos sanar como familia, sociedad o humanidad, tendremos que hablar de Bruno.

 

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