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¿Estamos preparados para una mayoría de edad espiritual?

 

La ilustración es la liberación del hombre de su culpable incapacidad. La incapacidad significa la imposibilidad de servirse de su inteligencia sin la guía de otro

Kant

Iniciaremos esta disertación con tres preguntas: ¿Se puede conocer objetiva y plenamente a la divinidad? ¿Se puede monopolizar la divinidad? ¿Se puede tener la exclusiva de la divinidad? A lo largo del presente texto y otros que iremos escribiendo trataremos de justificar por qué consideramos que la respuesta a estas tres preguntas es no, no y no.

Consideremos lo siguiente, la tradición religiosa más longeva que todavía sigue vigente tiene poco más de seis mil años, pero el ser humano tiene deambulando por el planeta tierra unos doscientos mil años, ¿significa que Dios o los dioses se olvidaron del ser humano por unos 194 mil años y luego se acordaron y vinieron a darnos su mensaje? ¿Y cuando lo hicieron se ocuparon exclusivamente de una pequeña fracción de la humanidad en una remota región del planeta y se olvidaron del resto? ¿Podríamos decir que un Dios justo, sabio y bondadoso pone leyes injustas, discriminatorias o que beneficia a algunos miembros de su creación en detrimento de otros?

Estos cuestionamientos son relevantes porque sabemos que la mayoría de las personas repite y asume la tradición religiosa de la familia y sociedad en la que nace, por lo que si la salvación dependiera de en qué religión se cree, la salvación se anclaría a la lotería del nacimiento. Podríamos decir que la gente se salvaría o condenaría por cuestiones geográficas. Aquellos que nacieron en la religión correcta se salvan y los otros se condenan. Por otro lado, si simplemente apostamos al comportamiento, tampoco tenemos una respuesta fácil, ya que también sabemos que las personas que crecen en entornos violentos y sufren tanto maltrato como abandono o tienen ciertas características fisiológicas que los hacen poco empáticos tienden a ser violentos y a comportarse de forma egoísta y abusiva, por lo que su condena eterna estaría fuertemente influida, aunque no determinada, por sus condiciones iniciales, ya sea de sus circunstancias sociales, genéticas o fisiológicas.

De tal modo que, si no consideramos justificada la lotería del nacimiento para determinar la salvación y/o condena de las personas, necesitaremos pensar y desarrollar una forma distinta de entender la espiritualidad que la noción de salvación por la creencia o por el puro comportamiento. ¿Se puede tener una espiritualidad no determinada por una tradición espiritual en particular? ¿Podríamos los seres humanos a inicios del siglo XXI desarrollar una nueva espiritualidad que no caiga en las contradicciones y limitaciones de las tradiciones ya elaboradas ni se ancle de manera acrítica a sus afirmaciones? ¿Se puede desarrollar una espiritualidad que tome en serio el conocimiento científico y humanístico y se desarrolle en conjunto con estas otras formas de saber? Creemos que la respuesta a estas preguntas es sí, sí y sí.

 

Definitivamente no tenemos una respuesta absoluta y certera para estas preguntas, pero tenemos una intuición que ha dado vida a un esbozo o brújula para orientarnos en la bastedad y complejidad de las ciencias del espíritu, y este esbozo busca retomar, reconciliar e incluso complementar a todas las tradiciones espirituales existentes para ver qué aspectos son compartidos, así como considerar qué aspectos son hoy en día corroborados por nuestro conocimiento científico y humanístico. De manera tal que trataremos de poner en un diálogo horizontal a las ciencias del espíritu con las ciencias humanas y las ciencias naturales. Consideramos que aquellos aspectos que puedan superar el filtro crítico de la contrastación con otras tradiciones y/o con el conocimiento actual, son aspectos que bien vale la pena considerar con seriedad, por lo que serán meticulosamente revisados, problematizados y analizados.

No podemos afirmar nada con contundencia, pues nuestro objeto de estudio, llámesele la divinidad, aquello otro más grande que uno mismo, la causa primera, Dios, Alá, Wakantanka, Tao, Nirvana, El gran espíritu, La Fuerza o como se le prefiera llamar, es en su propia naturaleza y esencia, sumamente etéreo, complejo y tal vez inalcanzable e incomprensible. Lo cual nos regresa a la primera pregunta de este artículo: ¿Se puede conocer objetiva y plenamente a la divinidad? Consideramos que esto no es factible en tanto que una conciencia limitada e imperfecta no puede tener un conocimiento pleno de una conciencia o entidad ilimitada y perfecta, sea lo que sea esa entidad, ser o fuerza. No tenemos buenas razones para considerar que los seres humanos somos capaces de comprenderla a la perfección, en plenitud y con certeza, por lo que consideramos que todos los intentos que hagamos (o que hayamos hecho) los seres humanos son meras aproximaciones, intuiciones e hipótesis que pueden o no ser ciertas, o en todo caso, parcialmente ciertas. Lo que sí podemos hacer es revisar y aprender de nuestros errores y trabajar en mejorarlos haciendo las modificaciones que sean pertinentes. Todos los otros saberes humanos se desarrollan gradual y paulatinamente ¿Por qué no podría entrar en este mismo desarrollo el saber espiritual?

Creemos que hay muy buenas razones para considerar que la cautela, mesura e incluso la duda y cierto grado de escepticismo son aspectos necesarios para un auténtico desarrollo espiritual. Del mismo modo que sabemos que el conocimiento científico no ofrece certezas sino teorías y explicaciones plausibles, corregibles y mejorables, consideramos que un estudio espiritual maduro debe de abandonar la inocente y perniciosa ilusión de la certeza, el dogma y el fanatismo, para llevarnos a la posibilidad de un desarrollo espiritual guiado por la humildad, curiosidad, información, pensamiento crítico, libertad, respeto y una mente abierta deseosa de aprender y de dar cabida a todas sus inquietudes, mortificaciones y sentimientos.

Hace ya más de dos siglos el filósofo alemán Immanuel Kant nos invitó a salir de la minoría de edad moral para servirnos de nuestra propia razón y justificar, entender y corregir nuestras concepciones morales. Del mismo modo, hay buenas razones para salir de la minoría de edad espiritual y servirnos de nuestra propia consciencia, mente, espíritu, psique o como prefiera llamársele para guiar nuestro propio desarrollo espiritual. Dicho de otra manera, es hora de superar la infancia espiritual de asumir algo como verdadero porque lo dice una autoridad, ad verecundiam; porque lo ha dicho mucha gente, ad populum, o porque se ha dicho por mucho tiempo, ad antiquitatem. De este modo podremos tomar las riendas de lo más valioso que tenemos que es nuestra propia espiritualidad. Estas falacias cognitivas son limitaciones y sesgos tanto del pensamiento como del desarrollo espiritual que nos limitan en vez de liberarnos.

Es tiempo de desarrollar mejores herramientas y criterios para nuestro desarrollo espiritual que la repetición infantil, dogmática y acrítica. Algo tan importante como nuestro bienestar y crecimiento espiritual no puede ni debe sustentarse en pilares tan endebles y falibles como esos, es tiempo de madurar, crecer y comprometernos con una mayoría de edad espiritual, tomar las riendas de nuestra propia espiritualidad y librarnos de la tutela del autoritarismo, fanatismo y dogmatismo religioso. La cuestión es si estamos preparados para una mayoría de edad espiritual. La cuestión es si estamos preparados para guiarnos por nuestra propia voz interior. A manera de cierre, dejo diferentes citas textuales de distintas tradiciones en donde se promueve la búsqueda personal o mayoría de edad espiritual que se defiende en este texto.

“No salgas fuera de ti, vuelve a ti, en el interior del hombre habita la verdad.”

Agustín de Hipona

“Guarda el libro, la descripción, la tradición, la autoridad, y toma la ruta para descubrirte a ti mismo.”

Jiddu Krishnamurti

“Sólo el conocimiento que llega desde dentro es el verdadero conocimiento.”

Sócrates

“¿Qué es la verdad? Pregunta difícil, pero la he resuelto en lo que a mí concierne diciendo que es lo que te dice tu voz interior.”

Mahatma Gandhi

“No confíes en lo que diga un hombre, ni siquiera en lo que yo te digo, estudia, reflexiona lo que escuches y toma lo bueno, lo que te beneficie a ti y a tu entorno, porque tu solo puedes aceptar la idea de un extraño si la estudias detenidamente. Duda de todo. Encuentra tu propia luz. No creas algo solo por que se comenta y se rumorea. No aceptes las tradiciones sólo porque son antiguas y hayan sido admitidas a través de muchas generaciones. No creas algo por que se hable mucho acerca de ello. No creas en el testimonio escrito de algún antiguo sabio. No creas en la opinión popular ni en la costumbre. No admitas cualquier cosa de tus maestros. Somete toda enseñanza y práctica a tu propia experiencia; si después de una cuidadosa investigación están de acuerdo con tu razón y con tu corazón, y son conducentes tanto para tu bienestar como para el de los demás, entonces, solo ahí, acéptalas como verdades y regula tu vida en consecuencia.”

Buda

 

 

Bibliografía

Kant, I. (1994): ¿Qué es la ilustración? en: Filosofía de la historia, FCE, México.

 

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