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Que lo que desaparezca sea tu machismo

El problema al que nos enfrentamos en este momento como mujeres habitantes de este territorio no es pequeño. No importa de dónde vengamos, estamos configuradas de acuerdo al patriarcado y seguimos sus reglas y aunque nos sintamos rebeldes se inscriben en lo más profundo de nuestro ser.

Todas hemos vivido bajo el pensamiento machista de una sociedad que determina puntos conscientes e inconscientes de lo que queremos en la vida, en nuestras capacidades reproductivas, en nuestro talento, en nuestros deseos más profundos. Se adueña de nuestros caminos y nos reduce en el peor de los casos de la lógica capitalista, a objetos que pueden ser adulados, poseídos, apropiados, violados, desechados y hasta desmembrados.

Vivimos con miedo, cuidando que nuestra ropa o nuestra forma de ser no encienda a ese “Otro” indomable que es el deseo masculino que él sí tiene el derecho a expresarse abiertamente a gritarnos en las calles “mamacita”, a decirnos al oído palabras sucias en el contexto de un metro atiborrado, a meternos la mano por el pantalón y a que nosotras callemos, no digamos nada, enterremos nuestro asco, nuestros sentimientos, porque eso nos pasa por tener un par de chichis y/o nalgas que están nuestro cuerpo para su deleite ¡NO MAMEN! ¡No son nuestros dueños!

Ilustración de “Soy María Palito”

De paso estaría bueno quitarse de la cabeza mitologías fundacionales judeocristianas de nacimientos desde la costilla, porque está científicamente comprobado que todos venimos de un útero. Entiendan que SOMOS mucho más allá de ser sus madres, hijas, hermanas, primas, esposas, amantes, amigas, conocidas, o cualquier otro vínculo. Existimos con y sin ustedes. No tienen ningún derecho sobre nuestros cuerpos ni sobre nuestras vidas.

Y esto también nos lo digo a nosotras, que tenemos que reescribir nuestras posiciones y replantearnos el contrato social que compartimos ¿Es verdaderamente tan difícil respetarnos? Entender que tenemos el mismo derecho a elegir, desarrollarnos, transitar, beber en un bar, bailar reggaetón, reírnos de un chiste, gozar de nuestra sexualidad como a nosotras nos plazca sin tener que temer, sentirnos denigradas o ceder a sus incontrolables y desenfrenados impulsos animales. Maduren, entiendan que ya estuvo bueno, que se trata de dialogar y llegar a acuerdos que estamos juntos en esto y así como a nosotras nos está costando trabajo reformular nuestra existencia poner los límites donde van, a ustedes les toca aprender a respetarlos.

Agradezco el camino que abrieron las mujeres que lucharon antes, y sobre todo admiro el camino que estamos abriendo todas juntas, en donde todavía falta mucho por hacer pero que por fin nos dimos a la tarea de recorrer y no estamos solas, estamos juntas. Que si a una le pasa algo TODAS estaremos gritando en las redes, en las calles y en lo que haga falta. Estamos frente a una ola de cambio y lo único que nos queda a todos es aprender a generar nuevas interacciones sociales, nuevas expectativas y abrirnos a las ventajas de las posibilidades que esto conlleve.

Fotografía portada:  Valeria Caballero Aguilar marcha 8 de marzo 2020

One Comment

  • Que suene un alarido en cada quebranto, sonoro, estruendoso, trepidante, en cada texto en cada imagen.
    Gracias muchachas por todo su trabajo y su lucha.

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