BoJack Horeseman: ¿Realmente aprendemos de nuestros errores?

La serie de BoJack Horseman puede ser entendida como una crítica a la frase de que “todo cambio es para mejor.” No por el hecho de que nada permanece igual, podemos concluir que cualquier cambio es ya una mejora del estado actual. La serie de BoJack parte de este hecho y nos presenta un cuestionamiento sincero y devastador: ¿Es posible convertirse en una mejor persona? ¿Podemos modificar quiénes somos hasta tal punto que dejemos de cometer siempre los mismos errores, que caigamos en los mismos vicios, que tengamos las mismas debilidades?

La serie a menudo gira alrededor de estas preguntas mediante la comparación entre el formato de las series familiares de los noventas y la vida real. BoJack es un actor cuyo mayor éxito fue una serie cómica típica de los noventas, llamada “Horsin’ Around”. En ella, él se encarga de criar y educar sentimentalmente a tres niños. En cada episodio, podemos observar cómo surge algún problema o inconveniente al que deben enfrentarse sus protagonistas. Pero, siguiendo la estructura de este tipo de comedias, podemos estar seguros de que al final de los treinta minutos de cada episodio, todo llegará a buen término, y habrá una lección aprendida detrás de cada prueba.

A diferencia de su serie televisiva, BoJack pareciera no aprender ninguna lección, ya sea moral, sentimental o personal. Continuamente revalúa su vida, sus éxitos y sus fracasos, sin poder decidirse sobre qué puede esperar de sí mismo o de los demás. BoJack pareciera ser el retrato de una forma de vida en la que sólo queda aprender a vivir con contradicciones y sinsentidos para los cuales no hay una solución; una vida en la que cometemos los mismos errores una y otra vez. BoJack a menudo se pregunta si es muy tarde para cambiar, si podría ser mejor persona si tan sólo lo intentara.La serie pone en duda que realmente seamos capaces de aprender de nuestros errores.

A lo largo de sus tres temporadas —y con el próximo estreno de su cuarta temporada el 8 de septiembre—, la serie nos presenta una mirada sincera hacia muchos miedos genuinos y cotidianos, cuya amenaza se esconde normalmente tras rutinas o estructuras heredadas. Un ejemplo de esto lo podemos apreciar cuando un reportero le pregunta a BoJack cuál será su siguiente proyecto tras terminar la filmación de una aclamada película. Esta pregunta aparentemente sencilla: “qué sigue”, despierta en BoJack una gran angustia pues le revela que no tiene un plan, ni siquiera una sospecha sobre lo que podría hacer después. Esta simple pregunta le muestra que todo en su vida, sin importar cuántos éxitos se puedan acumular, estará seguido siempre por la eterna pregunta sobre cuál es el siguiente paso. Y para eso, nunca hay una respuesta satisfactoria.

La serie de BoJack Horseman —con su brutalidad, sinceridad e ingenio—, nos invita a seguir dándole vueltas a preguntas que de alguna forma resultan familiares y próximas: ¿Es suficiente analizar nuestro pasado para comprender mejor quiénes somos? ¿Cómo saber si debemos renunciar a nuestros mayores sueños? ¿Cómo comunicarnos en un mundo sin diálogo? ¿Podemos ser mejores alguna vez?

BoJack dolorosamente aprende que su vida nunca podrá ser como la de su personaje de televisión. Tal vez ofrecer algún tipo de respuesta para este tipo de preguntas sea tan sólo un autoengaño. Como si las lecciones de vida fueran algo que sólo puede tener sentido en las series de televisión de comedia. La serie de BoJack Horseman retrata esto con personajes complejos, humor y episodios sin moralejas. Tal vez por ello es capaz de ofrecernos un reflejo más vulnerable y sincero de nosotros mismos.

 

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