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Bandersnatch: Cuando el determinismo nos alcance

Bandersnatch: Cuando el determinismo nos alcance

Quien haya crecido en los ochentas o noventas, seguro recordará los libros de “Elige tu propia aventura”. Ambientados en diferentes contextos, lo que esta colección tenía en común es que tú podías elegir qué ocurría a continuación. Dependiendo de tu decisión, los protagonistas continuaban su camino en la página 89 o en la 137. En muchas ocasiones, terminabas la historia rápidamente pues tu elección te llevaba hacia uno de los finales posibles. En estos casos podías retroceder a la página con la última decisión que habías tomado, y continuar por el otro camino. Para alguien tan indecisa e insegura como yo, tomar cada decisión implicaba la preocupación por saber cómo elegir el “camino correcto”, o por lo menos la duda de si mi decisión arbitraria sobre en qué página seguir leyendo no me llevaría a un final apresurado.

Continuando con un estilo reciente que encuentra su inspiración en explotar la nostalgia por la década de los ochentas, Black Mirror nos presenta su última entrega: “Bandersnatch”. Esta película sigue la misma lógica que la colección de libros de “Elige tu propia aventura”. En un formato nuevo para plataformas de streaming, la idea es que quien esté viendo la película podrá elegir qué ocurre con su personaje principal: qué cereal desayuna por la mañana, qué música escuchará en el camión, qué hará cuando su computadora falle, etc. Lo interesante de “Bandersnatch”, aquello que la distingue de los libros, no es su estructura sino su auto-referencialidad. La trama de la película girará en torno a la pregunta sobre cómo es posible que podamos elegir entre un camino u otro. En el centro de la trama de “Bandersnatch” hay todo un debate filosófico sobre si podemos considerarnos libres en un escenario determinista, sobre si nuestro libre albedrío consiste únicamente en elegir entre dos opciones predeterminadas por el contexto, y si realmente somos responsables al elegir alguna de ellas. (Advertencia para quienes no han visto la película: a partir de aquí encontrarán algunos spoilers).

Stefan Butler es el protagonista de esta película interactiva, quien ocupa sus días diseñando un videojuego que siga la estructura de un libro al modo de “Elige tu propia aventura.” Conforme la trama avanza, Stefan descubre que él mismo se encuentra en una estructura similar a la de su videojuego y a la del libro: alguien más elige por él lo que hará continuación. Obsesivamente dibuja el símbolo que representa la continua bifurcación de su historia: ¿desarrollar el videojuego en una oficina o en su casa? ¿Hablar sobre la muerte de su madre en terapia o evitar el tema? ¿Enterrar el cadáver de su papá o descuartizarlo?

El tono de las decisiones que la audiencia debe tomar mientras ve “Bandersnatch” sube rápidamente. Al inicio, las decisiones parecen triviales, y conforme avanza la trama, quien ve la película y está decidiendo por Stefan se da cuenta del control que tiene sobre él. En uno de los posibles escenarios que presenta la película, Stefan, consciente de que no es él quien toma sus decisiones, se pregunta si realmente es responsable del asesinato de su padre. En otras palabras, si él no eligió libremente hacerlo, sino que simplemente se ve obligado a hacerlo debido a las fuerzas externas (nosotros) que controlan su vida, ¿realmente podríamos imputarle responsabilidad por sus acciones?

Normalmente consideramos que somos responsables de lo que hacemos porque decidimos libremente y con cierto conocimiento, qué es lo que haremos a continuación. En cambio, si descubrimos que en realidad no tenemos ningún control sobre lo que hacemos, sino que somos como títeres que sólo pueden seguir —consciente o inconscientemente— los designios dispuestos por algo o alguien ajeno a nosotros, ¿por qué seguir considerándonos libres? Una versión de la tesis del determinismo supone justamente que no somos libres, pues el contexto siempre está “decidiendo por nosotros”. Creemos que somos libres cuando, en realidad, diferentes factores ajenos a nosotros determinan nuestras acciones sin que podamos controlarlo.

Ahora bien, es importante señalar que en “Bandersnatch” la libertad se define más bien como un modelo limitado de libre albedrío en donde nuestro poder de decisión está circunscrito únicamente a dos opciones. Podríamos objetar que en la vida real nosotros tenemos siempre más de dos opciones para elegir el curso de nuestras acciones. Pero la pregunta que debemos plantearnos es, ¿nuestra libertad es sólo la posibilidad de elegir entre opciones predeterminadas? ¿qué tan libres somos realmente si nos limitamos a decidir entre algo que no depende de nosotros, ya sea nuestra opción a, b o c? Algunos autores, como Kant o Arendt, han querido enfatizar que la libertad no puede limitarse a este modelo, sino que debemos pensarla como la capacidad que tenemos para inaugurar nuestras propias posibilidades, nuestra capacidad para crear alternativas a las opciones que nos son dadas por el contexto.

Aunque la trama tenga bastantes huecos, considero que uno de los puntos fuertes de la película “Bandersnatch” es que nos lleva a reflexionar sobre todas estas preguntas mientras decidimos el destino de Stefan. Más aún, viéndolo es casi imposible no darnos cuenta cómo al inicio creemos que aquello que ocurre en la película “depende de nuestras decisiones”, cuando en realidad, ya hay cinco finales predeterminados y alguien más, desde las oficinas de Netflix, nos engañó haciéndonos creer, aunque fuera por unos minutos, que nosotros teníamos el control.



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