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Autor: Julia Muñoz

Lo que he aprendido gracias a Lisa Simpson

Lo que he aprendido gracias a Lisa Simpson

Para quienes me conocen, no será una gran sorpresa leer que mi personaje favorito de Los Simpsons es Lisa. Por supuesto, me encantan todos los personajes, y un recuento de mis chistes favoritos estaría lleno de momentos con Marge, el señor Burns y Krusty. Incluso del abuelo […]

Desde las entrañas de la violencia: ¿por qué seguir reflexionando sobre los asesinatos de Jack El Destripador?

Desde las entrañas de la violencia: ¿por qué seguir reflexionando sobre los asesinatos de Jack El Destripador?

El pasado sábado 17 de marzo, en la librería Jorge Cuesta, tuvimos el gusto de escuchar la conferencia de Magdalena López titulada “Destripando al destripador: realidad y ficción en los homicidios de Whitechapel.” A partir del título, no es difícil pensar que muchos de nosotros […]

Pantera Negra: ¿Tenemos obligaciones más allá de los límites de Wakanda?

Pantera Negra: ¿Tenemos obligaciones más allá de los límites de Wakanda?

La más reciente entrega del universo Marvel, Pantera Negra (Black Panther), ha dado mucho de qué hablar. Tal vez hayan visto el video viral de los niños que, cuando se enteraron de que irían al cine a ver la película, comenzaron a bailar. Su festejo tenía que ver con uno de los aspectos más discutidos de esta entrega: la novedad de un reparto que, por primera vez para una película de este presupuesto, está compuesto primordialmente por actores negros. Normalmente, los personajes interpretados por estos actores se limitan únicamente a papeles como el del amigo, el cómico o el bidimensional villano, pero rara vez ocupan el rol del protagonista. Pantera Negra es una película que demuestra que la representación y la diversidad importan, que nunca hubo razón para la segregación de los actores negros a papeles secundarios, y que una película taquillera de superhéroes era una plataforma tan válida como cualquier otra para realizar esta denuncia.

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Sin embargo, aunque el tema de la representación es de gran relevancia, en este escrito quiero enfocarme en otro aspecto de la película que me parece muy valioso e importante, pues filosóficamente puede ofrecernos mucho para discutir preguntas de filosofía moral y política que son extremadamente urgentes e importantes para nuestra época. Este aspecto filosófico de la película viene dado por la gran fuerza antagonista que tiene el personaje de Erik Killmonger. Aunque he tratado, en lo posible, de evitar spoilers importantes, sí mencionaré algunos detalles de la película por lo que debo advertir que este no es un texto libre de spoilers.

Cuando vemos por primera vez a Michael B. Jordan en el papel de Killmonger, lo encontramos en un museo británico haciendo preguntas difíciles, pero por ello mismo, bastante buenas: ¿Cómo obtuvieron las piezas arqueológicas que exhiben los museos norteamericanos, alemanes, holandeses o británicos? ¿Fue por una compra o intercambio justo? ¿Un descubrimiento azaroso? ¿Por investigaciones arqueológicas propias de Indiana Jones? No. Lo cierto es que, como denuncia Erik Killmonger, la colonización es la fuente principal de esos museos. Y eso hace que las preguntas del personaje sean relevantes: ¿es justo que estas piezas estén en esos museos si las obtuvieron gracias a la colonización? ¿Con qué legitimidad presentan los objetos de las exposiciones que reciben millones de visitantes al año?

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En la película hay una gran discusión filosófica sobre justicia, que hace que el antagonismo entre el villano Erik y el héroe de la película, T’Challa, no se sienta como una fórmula trillada y vacía entre alguien que es malo sólo por el gusto de serlo, y alguien que es bueno a tal grado que no tiene por qué cuestionar la justificación de sus creencias. T’Challa es el nuevo rey de Wakanda y tiene una concepción idealizada de quién fue su padre, en tanto rey. Él busca seguir este modelo para gobernar a la gente de Wakanda, preocupándose únicamente por el bienestar de los suyos. En un momento de la película, T’Challa es confrontado por el personaje de Lupita Nyong’o, Nakia, quien le dice: ¿por qué no ayudar a otros que lo necesitan cuando nosotros tenemos los medios para hacerlo? Frente a esto, T’Challa responde que él es rey sólo de los ciudadanos de Wakanda, y su deber se extiende únicamente a ellos.

Las preguntas filosóficas son: ¿Nuestros deberes morales son válidos sólo dentro de ciertas fronteras políticas? ¿Es la pertenencia a un país, una nacionalidad, lo que fundamenta nuestro deber de ayudar a otros? No es difícil asociar aquí lemas políticos de gran popularidad contemporánea: “America First”, “Britain First”, “X First..” etc. Por poner un ejemplo, de acuerdo con estas posturas, el deber de ayudar de los norteamericanos es válido sólo para con otros norteamericanos. Cada país debería ver sólo por los suyos pues, una vez más, nuestros deberes están fundados en la pertenencia a un estado-nación, no en la idea de humanidad en general.

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Afortunadamente para nosotros, Erik Killmonger, representa un reto a la idea de que nuestros deberes son sólo una cuestión de nacionalidad o patriotismo. Él sabe que hay pueblos que han sido explotados por países colonizadores desde hace siglos, que su situación de pobreza no se debe (sólo) a que esos países “no vean por los suyos”, sino a una cuestión que no es nada menos que una situación de injusticia global. ¿Deberíamos considerar como nuestro deber el tratar de arreglar esas situaciones de injusticia?

Pensemos en la crisis de refugiados que sigue creciendo, sin que nadie parezca hacerse responsable. En Europa, por poner otro ejemplo, no es difícil escuchar las siguientes preguntas: ¿por qué tendríamos que recibirlos nosotros? ¿qué le debemos a estos seres humanos que no pertenecen a la unión europea? Parafraseando a T’Challa, los políticos europeos tienen que ver por los suyos, son políticos cuyos deberes se extienden únicamente a sus ciudadanos. No le deben nada a los refugiados, ni siquiera por caridad, pues no comparten su nacionalidad, incluso si están dentro de sus fronteras.

Que el villano de la película tenga una compleja denuncia sobre injusticias globales tiene varias ventajas, tanto narrativas como filosóficas. En cuestión de narración, nos brinda un villano que no es sólo un personaje bidimensional, vacío y sin ideas propias. El tan legendario guasón de Heath Ledger se ha convertido en un ícono no por ser “otro villano de Batman”, sino por las ideas que hay detrás del personaje. Lo mismo ocurre con Killmonger. Todo lo que denuncia es cierto. Su preocupación por remediar estas situaciones de injusticia es legítima. Pero los medios que elije para arreglar este problema parecen no ser una solución efectiva para frenar la violencia y restituir la justicia.

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Las ventajas filosóficas de tener un villano con estas ideas es que obliga al héroe de la historia a revisar sus creencias. ¿Cómo es posible que “el malo” esté más preocupado por la justicia global que el “héroe”? ¿A qué se debe que T’Challa no comprenda la importancia de ayudar a otros más allá de las fronteras de Wakanda, mientras que Killmonger pareciera haberlo entendido desde hace mucho?

T’Challa se ve obligado a revisar sus creencias y, de hecho, a cambiarlas. Una de las grandes cosas de la película es que esto no significa que, de pronto, héroe y villano se convertirán en un equipo para luchar contra el mal común. Lo que la película, en mi opinión, identifica bien es la fuerza de los argumentos. T’Challa no cambia de opinión porque Killmonger lo convenza ya sea por la fuerza, por amistad o por chantaje. Le convencen las razones —que, para ser sinceros, Nakia le había dicho desde un inicio—, por las cuales es legítimo preocuparse por otros seres humanos, más allá de las fronteras políticas. Y a partir de ello, busca los medios que considera apropiados para hacerlo, sin por ello ceder a la radicalización de Killmonger.

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Alguien podría preguntar ahora, ¿esta película de Marvel realmente está planteando todo eso? Afortunadamente, el prejuicio de que el entretenimiento está peleado con presentar tesis filosóficas complejas, está en desuso. Para quienes tengan la duda escéptica sobre si realmente esta película es capaz de plantear, aunque sea rápidamente, problemas sobre justicia global y colonialismo, les dejo un comentario realizado por el director de la película, Ryan Coogler, quien ha comentado que los temas centrales de la película son la responsabilidad y la identidad:

“¿Qué deben los poderosos a los menos privilegiados? Esto es lo que separa a los buenos [good-guys] de los villanos. ¿Qué valor tiene la fuerza si no la usas para ayudar a alguien? Wakanda pretende ser tan sólo otro problemático país africano, pero algunos de sus vecinos están pasando por problemas reales. Si los de Wakanda no se defienden a sí mismos, ¿quién lo hará? Pero si sólo se defienden a ellos mismos, ¿quiénes son [en realidad]?”1

 

1 https://www.imdb.com/title/tt1825683/trivia?ref_=tt_trv_trv

 

David Bowie y las infinitas formas de ser nosotros mismos

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Como a muchas otras personas, para mí la muerte de David Bowie se sintió como un evento profundamente doloroso y personal. Recuerdo haber visto de madrugada el tweet de Duncan Jones, hijo de Bowie, confirmando la muerte de su padre: “Lamento mucho y estoy triste […]

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Precisar cuál es el lugar de la memoria en nuestra vida cotidiana puede ser una tarea para toda la vida. Probablemente no lleguemos nunca a fijar sus coordinadas precisas, su importancia y su lugar. A menudo la sobrevaloramos. Frente a momentos especiales, deseamos que esos […]

Coco: Cómo conocernos a través de nuestras pérdidas

Coco: Cómo conocernos a través de nuestras pérdidas

Mi abuela murió un domingo por la mañana. El sábado fui a comer con ella y había quedado en ir a cenar al día siguiente, como cada domingo desde hacía varios años. La última cena prometida nunca llegó y me encontré con una situación que me resultaba por completo nueva: mi incapacidad para comprender su ausencia. Unos años más tarde moriría mi gatita, quien vivió conmigo por 21 años. En ambos casos, me sorprendió que no podía dejar de pensar quién podría ser yo sin ellas y cuánto me iban a hacer falta. En mis respectivos duelos, no sólo me dolía la distancia, ahora infranqueable, con ellas. También descubrí la incertidumbre de no saber qué quedaba de mí misma después de lo que había perdido. De alguna forma, el duelo se sentía como un enfrentamiento no sólo con todo lo que ya no volvería —ya sean lugares, personas o recuerdos—, también con mis propios miedos, mi vulnerabilidad, y el sentimiento de ser infinitamente pequeña en un mundo de grandes ausencias.

La película de Pixar, Coco, retrata bien el tipo de “viaje” que puede suponer un proceso de pérdida, y nos muestra cómo estos duelos pueden ser vividos de maneras distintas. En lo que sigue, me detendré tan sólo en tres ejemplos que presenta la película, sobre cómo el duelo y las pérdidas que enfrentamos en ellos, nos permiten conocernos y descubrir cosas sobre nosotros mismos, que tal vez no habríamos conocido de otra forma.

Un primer caso es el de mamá Imelda. Su proceso de duelo no comenzó por una muerte, pero sí por una separación. Después de que su esposo se va de casa para no regresar, ella tiene que criar a su hija, Coco, completamente sola. Esta pérdida la condujo a un momento en el que se permitió intentar algo que nunca antes había hecho: aprender a hacer zapatos. A partir de su duelo, y del camino que empezó con él, mamá Imelda encontró una nueva forma de ser ella misma, de mantener a su familia y asegurar una tradición que le sobreviviría por muchas generaciones.

Un segundo ejemplo lo tenemos con el personaje de Héctor. Él, por su propio proceso de duelo, comienza a negar quién es para intentar así recuperar (aunque sin éxito) lo que ha perdido. Pero el duelo, como decía anteriormente, nos lleva a conocernos mejor, no a negar quién hemos sido. De ahí que, a mi parecer, uno de los mayores aciertos de la película Coco es mostrar cómo lo que le permite a Héctor rencontrarse con aquello que estaba buscando desde hacía tanto tiempo no es fingir ser alguien más, sino hacer las paces consigo mismo, es decir, reconciliarse con sus canciones y con nunca haber dejado de ser músico, incluso a su pesar.

El tercer ejemplo sobre el que quisiera hablar aquí corresponde al personaje principal de la película. Miguel es un niño que también tendrá que descifrar quién es por medio de las pérdidas a las que se tendrá que enfrentar: ¿es un músico incluso si esto supone dejar atrás a sus seres queridos? ¿Es un Rivera dispuesto a renunciar a su mayor pasión, con tal de no separarse de su familia? La película plantea esta disyunción extrema entre música y familia, pasión y raíces, como el camino de pérdida que tendrá que recorrer Miguel para averiguar quién es en realidad. Sólo en sus propias renuncias, podrá encontrar sus respuestas y su camino. Es gracias a este viaje por el mundo de los muertos que Miguel puede regresar con su familia sabiendo no sólo quién es, sino también cómo puede ayudar a su familia a reencontrarse consigo misma.

Al final, la película de Coco nos permite estar un poco más tranquilos, al mostrarnos cómo los duelos no son procesos solitarios, sino una forma de descubrir (¿recordar?) quiénes somos y quiénes siguen a nuestro alrededor, incluso desde su ausencia.

Las difusas fronteras de lo humano: Blade Runner 2049

Bajo la forma de una extensa secuela, cuya duración excede a su predecesora por 46 minutos, el director Denis Villeneuve nos presenta un film que, más que una mera continuación, bien puede ser interpretado como un tributo a la película de Ridley Scott, Blade Runner. En lugar […]

“Leonard Cohen and Philosophy”

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You got me singing                                                                                   […]

BoJack Horeseman: ¿Realmente aprendemos de nuestros errores?

La serie de BoJack Horseman puede ser entendida como una crítica a la frase de que “todo cambio es para mejor.” No por el hecho de que nada permanece igual, podemos concluir que cualquier cambio es ya una mejora del estado actual. La serie de BoJack parte de este hecho y nos presenta un cuestionamiento sincero y devastador: ¿Es posible convertirse en una mejor persona? ¿Podemos modificar quiénes somos hasta tal punto que dejemos de cometer siempre los mismos errores, que caigamos en los mismos vicios, que tengamos las mismas debilidades?

La serie a menudo gira alrededor de estas preguntas mediante la comparación entre el formato de las series familiares de los noventas y la vida real. BoJack es un actor cuyo mayor éxito fue una serie cómica típica de los noventas, llamada “Horsin’ Around”. En ella, él se encarga de criar y educar sentimentalmente a tres niños. En cada episodio, podemos observar cómo surge algún problema o inconveniente al que deben enfrentarse sus protagonistas. Pero, siguiendo la estructura de este tipo de comedias, podemos estar seguros de que al final de los treinta minutos de cada episodio, todo llegará a buen término, y habrá una lección aprendida detrás de cada prueba.

A diferencia de su serie televisiva, BoJack pareciera no aprender ninguna lección, ya sea moral, sentimental o personal. Continuamente revalúa su vida, sus éxitos y sus fracasos, sin poder decidirse sobre qué puede esperar de sí mismo o de los demás. BoJack pareciera ser el retrato de una forma de vida en la que sólo queda aprender a vivir con contradicciones y sinsentidos para los cuales no hay una solución; una vida en la que cometemos los mismos errores una y otra vez. BoJack a menudo se pregunta si es muy tarde para cambiar, si podría ser mejor persona si tan sólo lo intentara.La serie pone en duda que realmente seamos capaces de aprender de nuestros errores.

A lo largo de sus tres temporadas —y con el próximo estreno de su cuarta temporada el 8 de septiembre—, la serie nos presenta una mirada sincera hacia muchos miedos genuinos y cotidianos, cuya amenaza se esconde normalmente tras rutinas o estructuras heredadas. Un ejemplo de esto lo podemos apreciar cuando un reportero le pregunta a BoJack cuál será su siguiente proyecto tras terminar la filmación de una aclamada película. Esta pregunta aparentemente sencilla: “qué sigue”, despierta en BoJack una gran angustia pues le revela que no tiene un plan, ni siquiera una sospecha sobre lo que podría hacer después. Esta simple pregunta le muestra que todo en su vida, sin importar cuántos éxitos se puedan acumular, estará seguido siempre por la eterna pregunta sobre cuál es el siguiente paso. Y para eso, nunca hay una respuesta satisfactoria.

La serie de BoJack Horseman —con su brutalidad, sinceridad e ingenio—, nos invita a seguir dándole vueltas a preguntas que de alguna forma resultan familiares y próximas: ¿Es suficiente analizar nuestro pasado para comprender mejor quiénes somos? ¿Cómo saber si debemos renunciar a nuestros mayores sueños? ¿Cómo comunicarnos en un mundo sin diálogo? ¿Podemos ser mejores alguna vez?

BoJack dolorosamente aprende que su vida nunca podrá ser como la de su personaje de televisión. Tal vez ofrecer algún tipo de respuesta para este tipo de preguntas sea tan sólo un autoengaño. Como si las lecciones de vida fueran algo que sólo puede tener sentido en las series de televisión de comedia. La serie de BoJack Horseman retrata esto con personajes complejos, humor y episodios sin moralejas. Tal vez por ello es capaz de ofrecernos un reflejo más vulnerable y sincero de nosotros mismos.

 

¿Son los discursos de odio un callejón sin salida?

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En las discusiones contemporáneas sobre discursos de odio existen dos líneas de argumentación predominantes. La primera de ellas, sostiene que comprometerse seriamente con la libertad de expresión supone también defender la expresión de los discursos de odio. La segunda, afirma que los discursos de odio […]